Bentley Brooklands

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Brooklands. Uno de los primeros circuitos permanentes a inicios del siglo XX. Estaba situado en Surrey, Inglaterra, y fue inaugurado en 1907. 

Resulta un buen nombre para un coche, ¿no creéis? Al menos la marca británica Bentley, conocida por todos por sus lujosos automóviles así lo creyó en el año 2008. Esta marca consiguió victorias muy importantes en los años 20 y en los años 30 en ese circuito, por lo que debe de tenerle un cariño especial, porque el coche que recibió su nombre era especial.

Se trataba de un coupe de dos puertas y más  de cinco metros de largo con una linea que según la marca, tomaba rasgos de algunos trabajos que realizaban los carroceros sobre los antiguos Bentley. El diseñador, Dirk Van Braeckel, perfiló una carrocería de corte clásico y elegante, con una luneta trasera muy tumbada a la que denominaban "luneta flotante". La ausencia de pilar central y la zaga descendente toman reminiscencias de los modelos Continental de los años 50. Unos elegantes coupes fabricados totalmente a mano.   

Como buen Bentley, su fabricación era totalmente artesanal. Se tardaba dos días en pulir todas las piezas de acero del interior, 130 horas para hacer las lineas del techo y toda la parte trasera del coche, tenía que ser soldada a mano ya que sus formas eran demasiado complejas para que un robot pudiera encargarse de ello. 

Era necesaria la piel de 16 vacas para producir el suficiente cuero para un solo coche, y 125 horas más 43.000 puntadas para tapizarlo. Las inserciones en madera del lujoso habitáculo tardaban un mes en elaborarse. Se empleaban 10 metros cuadrados de madera especialmente elegida, como por ejemplo de nogal viejo de 80 años. Por supuesto se le daba la forma requerida completamente a mano.

Todo era personalizable en este coche. La carrocería contaba con 45 colores disponibles y se podía elegir entre 25 tipos de cuero diferentes así como otros tantos tipos de madera. Se podía configurar a tu antojo y a medida de tu capital por supesto, ya que se ofrecía como opción el Servicio Mulliner, que se encargaba de darle a la carrocería cualquier color que se te ocurriera, tapizar con cualquier tipo de piel el interior y ampliar aún más la selección de apliques para el salpicadero disponibles. Pero aun no acaba todo, ya que como bien hemos dicho, el coche era totalmente personalizable, y la muestra es que el Servicio Mulliner también podía modificar los tarados de suspensión o hacer más progresiva la entrega de potencia del motor. 

Y la potencia no era precisamente poca: 530 CV. Extraídos de un veterano bloque de ocho cilindros con árbol de levas central cuya estructura básica databa de 1959, recibiendo un aumento de cilindrada y algunos retoques en 1969. Para la ocasión, recibe su última evolución. La cilindrada alcanza los 6,75 litros y está asistido por dos turbos de baja inercia en busca de una respuesta suave y progresiva, porque no nos olvidemos, no está diseñado para conducción deportiva. Su objetivo es llevar a su acaudalado propietario hasta su destino de una forma rápida, cómoda y extremadamente lujosa. Pero eso no quiere decir que haya que prescindir de grandes prestaciones, ya que sus pistones de 104, 1 milímetros de diámetro con una carrera de 99, 1 le otorgan un par de 1.050 Nm a 3.250 rpm. Es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en solo 5,4 segundos y alcanza una velocidad de 298 km/h. Prestaciones de deportivo aburguesadas por un cambio automático de origen ZF de seis velocidades y bloqueo del resbalamiento del convertidor de par y desarrollos muy largos que invitan a disfrutar del lujo y el glamour de un coche de esta categoría.

A esto también ayuda el interior impecablemente tapizado en piel (incluido el techo, de una sola pieza), con cuatro plazas individuales y totalmente regulables eléctricamente. Disponía de climatizador de cuatro zonas, para que cada pasajero eligiera la temperatura ideal que a él le gustaría. Las plazas traseras, disponían de una separación entre los asientos donde podían encontrar un par de copas y había sitio para meter una botella de cava. Por supuesto, el equipo de sonido te hacía pensar que estabas en la mismísima ópera. 

Este coche, configuraba una oferta totalmente personalizada de Bentley. Un coche muy especial y destinado a gente adinerada que costaba la friolera de 390.000 € y del que sólo se fabricaron 550 unidades. 


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