Tráfico lento

By | 17:16 Comentarios
Odio los atascos. Me enerva permanecer minutos sin moverme en una carretera atestada. Parar, avanzar a veinte por hora durante unos segundos o como mucho unos minutos, volver a parar. Es desquiciante.



En mi deportivo descapotable esto es más desesperante aún. Un vehículo que puede ir a trescientos por hora no debería ser castigado de esta manera.

Para mayor irritación, justo delante de mí hay un camión de bomberos con las luces puestas que no deja de tocar la sirena sin éxito. Nadie se aparta para dejarle paso, simplemente no hay espacio. Pobres aquellos que estén en el incendio, o a donde sea que tengan que ir.

Otra vez estamos en movimiento, otra vez circulamos a no más de veinte por hora. Pero minutos después volvemos a parar. Es desesperante. Sé que no sirve para nada, pero toco el claxon. Los demás ocupantes de mi vehículo comienzan a tocar el claxon también.

-¡Eh! Aquí quien toca el claxon soy yo. Soy yo quien conduce –digo sin lograr disimular mi mal humor.
Volvemos a parar. Una persona recorre la vía a pie, pidiendo. Ocurre cuando paramos. No me apetece mucho, pero le doy algo.

Volvemos a movernos a paso de tortuga. Incluso avanzar me produce una terrible sensación de inutilidad. Toda la carretera me resulta idéntica. En mi locura, creo que pasamos varias veces por el mismo punto, parece que estamos dando círculos. ¡Tengo que salir de aquí!

Miro el vehículo de atrás. Es un tanque. ¿Cómo demonios se les ocurre meter un tanque en una carretera atascada? ¿Y cómo se les ocurre dejar circular a vehículos pesados un día como hoy, con este atasco? Bien pensado, viendo ese cañón, no creo que nadie se atreva a protestarles.

Volvemos a parar. El mismo tipo de antes se acerca otra vez a pedir. No me fio de él, temo que me saque a patadas del vehículo si le ignoro. Refunfuñando, vuelvo a darle algo. Se aleja.

-¡Y esta vez, dejad de tocar el volante! –digo dándome la vuelta hacia mis acompañantes de vehículo.

El hecho de que cada uno tenga su propio volante delante de su asiento no ayuda a que me obedezcan.

Harto, salgo del coche y corro por el arcén. Algo más adelante, me meto en un ridículo vehículo con forma de elefante rosa. De nuevo, todos los asientos tienen su  propio volante.

Me estoy volviendo loco. Lloro.

Mis padres me sacan en brazos. “Nico, es muy tarde, ya has tenido bastantes vueltas por hoy” me dice mamá. Los demás niños se despiden de mí.

Abandonamos la feria. Me duermo en los brazos de mamá.






Las imágenes han sido obtenidas de Internet. Si es usted el dueño póngase en contacto con nosotros

0 comentarios: